—¿Quién la lanzó?
La voz de Killian no fue alta. Y precisamente por eso, todo el salón comunal pareció congelarse.
Josselyn seguía en sus brazos. Su respiración era inestable. Cada inhalación se sentía como si rozara la herida en su espalda.
Nadie se atrevió a responder. Solo el sonido del viento colándose entre las rendijas de la madera.
—Su Alteza…
Un soldado dio medio paso al frente.
—Permítanos—
—No.
Una sola palabra, breve y firme.
Josselyn sintió el retumbar en el pecho de Killian. Sin qu