—¡Alto! ¡No los persigan!
Su voz sonó grave, pero firme.
Varios soldados que estaban a punto de espolear a sus caballos tiraron de las riendas de inmediato.
—¡Se retiran! —gritó uno de ellos.
—Déjenlos —continuó Sebastian, su respiración empezando a volverse irregular—. Mantengan la formación. Protejan el centro.
—¡Sí, señor!
El silencio descendió poco a poco, reemplazando el choque de espadas y los gritos que momentos antes llenaban el bosque.
—...¿Ya terminó? —murmuró Josselyn en voz baja.
—P