Capítulo 20
Dolores se sentó a la mesa, aún sentía una leve molestia en el pie, pero estaba feliz de poder caminar casi con normalidad. Pedro puso delante de ella un plato generoso: huevos revueltos cremosos, pan dorado a la plancha y un vaso de zumo de naranja fresco, bien frío.
— Puedes comer tranquila —dijo él, orgulloso.
Dolores sonrió, ajustándose un mechón de pelo detrás de la oreja.
— Se ve genial. Gracias, Pedro.
Probó los huevos.
— Mmm... está delicioso —elogió, sincera.
Nyra estaba tu