La carta de los abogados llegó un lunes por la mañana, sellada y formal.
Valeria la abrió en la cocina del albergue mientras Mateo preparaba el desayuno para los pocos huéspedes que había esa semana. Cuando terminó de leer, dejó el papel sobre la mesa con manos temblorosas.
—Retiran todo el apoyo financiero al albergue —dijo con voz baja—. Y amenazan con revisar el contrato matrimonial para anularlo por “presión familiar y falta de consentimiento libre”.
Mateo dejó el cuchillo y se acercó a ell