Gerald sigue sumido en la tristeza y el alcohol, aunque deseaba volver a su rutinaria y complicada vida, no tenía el coraje de volver a empezar de cero. No tenía a la mujer que amaba, ni tenía un buen empleo, lo había perdido todo.
En ese momento, su móvil empezó a sonar insistentemente, miró la luz encendida y titilante de aquella llamada. Con la mano temblorosa, tomó el celular y miró quien podía haberse recordado de él, hasta ahora ni su propio padre se había dignado a hacerlo.
—¿Gabriela