Priscila sintió los labios de Gari abrasando los suyos, quedándolos con la humedad de sus labios, haciendo que en segundos toda ella ardiera de deseo. Las manos de la pelicastaña, acariciaron los fuertes brazos del socio de su esposo.
Había algo en él, que la hacía sentir como si ya lo hubiese sentido, como si conociera aquel territorio aunque nunca lo hubiese explorado antes. Las ganas de entregarse a Gari, crecieron exponencialmente al leve contacto de su cuerpo ¿Cómo podía desear tanto a a