Esa sería la fractura que daría comienzo al caos de aquel segundo intento. Priscila se sentía culpable por lo ocurrido aquella noche entre ella y Gerald. Cuando finalmente estaba dispuesta a intentar llevar la fiesta en paz, aquel extraño sentimiento la obligaba a rechazar a su esposo.
“Es tu marido” se repetía una y otra vez intentando convencerse a sí misma de ello, lo había echado todo a perder.
Durante los días siguientes, Gerald y ella salían de paseo a conocer los sitios turísticos y