Cazador, cazado...
—Tienes otra visita, levántate —le ordenó el guardia a Gerald, mientras abría la puerta de la celda y le colocaba las esposas— Por lo visto eres muy codiciado por las mujeres. —dijo en tono burlón. Gerald pensó que debía tratarse de Gabriela, no imaginó que alguien más tendría interés de verlo.
La pelirroja se acercó a la cabina, se sentó y aguardó unos segundos, podía sentir su corazón latir con fuerza y sus manos temblorosas, aunque estaba allí sólo para verlo, en su interior anhelaba que aq