Amaia Domínguez García
León, Guanajuato, México
Al día siguiente, al abrir un poco mis ojos, me asusté al sentir que alguien me abrazaba, provocando que, me quisiera levantar de golpe de la cama, pero un mareo muy fuerte, me frenó esas ganas. Axel, me abrazó y me pegó a su pecho como estaba y después, me besó con tanta ternura, que me derretí en sus brazos y con sus besos, más al darme cuenta que, él estaba llorando.
–Amaia, cariño – Axel, se separó un poco de mí, para mirarnos a los ojos – Te