El ambiente en el spa más exclusivo y costoso de la ciudad estaba impregnado de un relajante aroma a lavanda y aceites esenciales, pero ninguna cantidad de aromaterapia podía calmar los nervios de la matriarca de la familia. Brenda Winchester estaba recostada en una camilla de masajes, con una toalla de algodón egipcio cubriendo su cuerpo y el rostro tenso. A su lado, en la camilla contigua, Norelia la observaba con evidente preocupación mientras las masajistas trabajaban en silencio sobre ella