La luz grisácea del amanecer comenzaba a filtrarse por las persianas del hospital cuando Victoria finalmente cruzó la puerta de la habitación. Llevaba la ropa arrugada y el cansancio marcado en cada línea de su rostro, pero al ver a su nieto respirando con normalidad, sumido en un sueño profundo gracias a los sedantes suaves, soltó un suspiro de alivio que le tembló en los labios.
Annie estaba sentada en la silla contigua a la cama, aferrando la pequeña mano de Matteo como si temiera que se des