La risa, burlas de los presentes y los murmullos despectivos perseguía a Annie mientras huía del salón principal. Sus asistentes, consternados y nerviosos, se habían quedado atrás intentando minimizar el desastre, pero ella no podía soportar un segundo más bajo el escrutinio devorador de aquella gente.
Caminó a ciegas por los intrincados pasillos, alejándose de la música que estaba perforando sus oidos, hasta encontrar un corredor angosto y débilmente iluminado, reservado únicamente para el per