La pelea en la sala de estar de la mansión Winchester estaba lejos de terminar. El aire era tan denso que casi podía cortarse con un cuchillo.
—¡Por supuesto que lo menciono a él! —le espetó Valentina, irguiéndose con una altanería gélida y cruzándose de brazos—. Porque un hombre como él seguramente, en estas circunstancias, estaría allí afuera aprovechando la oportunidad. Estaría pisando cabezas y tomando el control. ¡Sin embargo, tú prefieres quedarte aquí, tirado, poniéndote a beber alcohol