Selina despertó con el mismo dolor con el que se había acostado esa misma madrugada, sintiendo que nada estaba bien, incluso antes de abrir los ojos.
La cabaña estaba en silencio, llena de un eco vacío y un aire frío, ella se estremeció y estiró la mano a un lado de la cama, buscando el calor de Ares, pero solo encontró las sábanas intactas, lisas, heladas en la otra punta de la cama.
Ella se sentó de golpe, con el corazón acelerado, y miró alrededor, Ares no estaba y la cama