Capítulo 24 — No me mientas, Adara.
Pegué un brinco cuando sentí las manos de Holden en mi hombro, mientras yo seguía pegada contra la pared de un pasillo lateral, muy lejos del comedor.
Tenía una mano sobre el pecho, mientras que la otra buscaba apoyo en el frío material. Seguía demasiado mareada y los sonidos llegaban distorsionados a mis oídos, gracias al golpeteo salvaje e incontrolable en mi pecho.
—¡Adara! —Su voz sonó llena de una alarma que nunca le había escuchado, pero apenas y podía prestarle atención—. ¿Qué te pasa?