Aquel elogio me tomó por sorpresa. Realmente no esperaba escuchar algo así salir de su boca.
Un calor repentino se acumuló en mis mejillas, una sensación que no tuve que fingir. Tampoco tuve palabras para responder, así que solo le sonreí.
Para cuando fue la hora del postre, casi suspiré al ver frente a mí una elaborada copa de cristal cubierta con capas de algo cremoso, frutas y una salsa de caramelo oscuro.
Lucía realmente delicioso.
—El chef sí que se ha superado esta vez —Irina tomó su