— ¡Señor!, ¿lo vio? — Un hombre entró abruptamente en la oficina.
— Sí, acabo de ver la noticia, toda la declaración de Albert Collins… — Gianfranco apagó el televisor que tenía puesto en una de las paredes, frente a su escritorio.
— Esa mujer tiene el mismo nombre de la chica que estuvimos buscando, lo recuerdo… ¿Podría ser ella? — Preguntó el hombre, llamado Luis, quien había sido una de las manos derechas de Gianfranco por años.
— Bajo otras circunstancias, te hubiera dicho que no… Esa mu