Megan se quedó allí, en el arco de la entrada, ella no estaba escondida, pero tampoco estaba expuesta, el instinto le dijo que no interviniera en esa conversación, por lo que solo escucho.
— Por favor, señor Ruiz, somos hombres de negocios, seamos claros, sé que hay algo que le incomoda, algo que lo detiene… — Declaró Albert.
— No, no, se equivoca, señor Collins.
— Señor Ruiz, nuestra familia siempre ha contado con su apoyo, sé que usted es un hombre honesto e íntegro… — Albert sostuvo el ho