POV ALEXANDRA
El día empezó lento, como si mi cuerpo se hubiera declarado en huelga tras el colapso de la noche anterior. Pero Amyra no entiende de treguas emocionales; apareció en mi habitación y sin mediar palabra, me arrancó las sábanas.
—Arriba —ordenó— No te quiero pensando en el pasado, Alexandra, hoy vamos a disfrutar.
Gruñí, hundiéndome en la almohada porque no estaba de humor para sus terapias de choque, pero ella hizo caso omiso. No pude rechazarla. ¿Quién puede resistirse a una tarde