Cuando Emma despertó ya era pasado el medio día, el brazo de Lucian la tenía bien sujeta por la cintura y el calor de su piel la envolvía como una suave manta de la que no quería liberarse por nada del mundo. Desafortunadamente, quedarse así era imposible ya que debía ir a desayunar y luego a su trabajo. Ya sólo quedaban el sábado y el domingo, entonces tendrían dinero suficiente para continuar su viaje antes de volver a casa. La sola idea le provoco un vacío en la boca del estómago pero lo atr