Tomada por sorpresa, Emma se limitó a quedarse inmóvil, pero cuando Lucian acaricio su labio inferior con la punta de su lengua, pidiendo permiso para intensificar el beso, ella se abrazó a su cuello y abrió la boca. Aquello era la mejor sensación del mundo y Lucian se encontró a sí mismo deseando más, mucho más de todo eso.
Despacio, separo sus cuerpos sin romper el beso y comenzó a abrir los botones de la blusa de Emma de abajo hacia arriba. —Si no deseas esto… será mejor que me detengas ahor