447. ALGO ESTÁ MAL
SIGRID
«El llanto de mi hija, de mi primera hija.
—Silas —suspiré, entrecortadamente, la manta de pelo suave bajo mi cuerpo.
Sentía más fluidos manar de entre mis piernas, el dolor apenas remitiendo, olores intensos rodeaban la cueva.
Un pequeño bultico fue colocado con suavidad sobre mi pecho.
Abrí los ojos para ver a la criatura arrugadita, con el cabello blanco platinado como Silas, tan pequeña, el tono enrojecido de su piel, su boquita diminuta hacia tiernos pucheros con ganas de seguir