421. MORIR CON UN ORGASMO
BRENDA
Me separé, metiendo dos dedos en mi boca y chupándolos.
Me acosté en la cama con los muslos separados y jugueteé con mi coño, penetrándome para dilatarme.
El jugo me corría, estaba ardiendo en llamas.
Thesio caminó hacia mí, se acomodó entre mis piernas abiertas, sus rodillas sobre el colchón, su mano apoyada al lado de mi cabeza, la otra agarrándose el pene que dirigió a la estrecha entrada.
—Aaah, shshh… qué rico, mi Duque, penétrame más —grité en frenesí.
De verdad necesitaba que me f