380. CONTRA EL RELOJ
NARRADORA
Aldo nunca pensó que viviría para ver algo tan extraordinario.
La enorme pared de hielo y piedras, que le impidió la escapada a él y a Tomas, no era ningún obstáculo para un lycan.
Miró hacia arriba, viéndolo escalar a pura fuerza bruta.
Las garras de las patas se encajaban haciendo huecos en el hielo, y se impulsaba hacia arriba.
En su espalda, atado a él, llevaba un saco hecho con restos de ropas de los cadáveres dejados en la lucha anterior, llenas de sangre y suciedad.
Dentro, iba