347. LA VERDADERA Y LA FALSA
KATHERINE
Algunos murmullos se escucharon de repente cerca de mí.
Sentí el brazo de Elliot un poco rígido.
Intenté no sacar conclusiones precipitadas, pero a medida que esa hermosa voz se acercaba, la mujer cantaba una balada llena de pasión, como si fuese a un amante prohibido, y casualmente sus ojos grises buscaron entre la multitud hasta quedarse fijos en un hombre.
Intensamente, sin mucho disimulo, esa cantante llamativa, la tal Zafiro, parecía estarle dedicando su letra de amor a Elliot.
—