320. PERDÓNAME MI AMOR
NARRADORA
—Nosotros tenemos las mejores intenciones con sus hijas, señor.
—Claro, tan buenas que le encajaste primero los caninos antes de pedirnos su mano —Hakon gruñó con ira.
El mismo sentimiento que lo había acompañado desde las profundidades de su pantano hasta su manada.
Pero fiel a la promesa que le hizo a sus hijas, la matanza no había comenzado… aún.
Una mano femenina sobre su muslo se apretó con fuerza, era la de su mujer Anastasia.
Estaban todos sentados en una reunión familiar.
O má