32. LA CURIOSIDAD MATÓ A LA LOBA
LYRA
Un rugido bestial se escuchó sobre mi cabeza y chorros calientes eyacularon en la caliente cavidad.
Tragué y tragué, Drakkar no se contenía para nada en darme su esencia.
Mi lengua relamía hasta la última gota, con los ojos cerrados y el placer por las nubes.
Repentinamente, mi cabello fue agarrado, obligándome a levantarme.
El miembro salió con un pop cachondo de entre mis labios y fui empujada contra la roca,
encontrándome con esas pupilas lobunas y salvajes.
Sin resistirme l