286. LUZ CONTRA SOMBRAS
ALDRIC
Me incorporé enseguida, algo aturdido por la sacudida.
Sobre la hierba y la tierra, manchadas de sangre y sudor, de muerte y sombras oscuras, permanecí alerta, mirando lo que había sucedido.
Una guerrera con su armadura de oro, enormes alas doradas de cuervo en la espalda y dos espadas refulgentes sobre su cabeza, aguantaba el ataque que iba dirigido a mi espalda.
Su cabello corto se movía indomable, sus ojos fijos en su objetivo, en su mate.
Podía sentir las emociones tan intensas que