274. UN REGALO DE TU HERMANITA
NARRADORA
Pero apenas dio algunos pasos, cayó de nuevo de rodillas.
El sonido de los cánticos prohibidos se metía a la fuerza en su mente a través de sus oídos.
¿De dónde venía? ¡MALDICIÓN! ¡A SU ESPALDA!
Sigrid rodó evitando el ataque rastrero a traición.
Agazapada sobre la hierba, la descubrió saliendo del oscuro manto de los pinos: era la malnacida de Drusilla.
Era ella quien estaba llenando el aire de esas maldiciones que estaban enloqueciendo a Electra.
Sigrid avanzó a trompicones, intent