273. EMBOSCADA
Cuando Sigrid y Silas pasaron por la sala donde Lucrecia los había llevado la primera vez, presenciaron el desastre que había quedado detrás.
Así fueron avanzando a través de los mismos pasillos oscuros.
Sigrid no se sentía muy bien; esa puñalada a traición todavía ardía en su pecho, pero no quería preocupar a Silas.
Algo la hacía mantenerse pegada por completo a él.
Tenía miedo, esa era la verdad.
Le apretó la mano con fuerza cuando llegaron a la entrada.
Las estatuas de acceso estaban en