270. SOLO UNA ELEMENTAL
NARRADORA
Separó la mano temblorosa de sus labios y la miró frente a su rostro con incredulidad.
Goteaba del vital líquido carmesí hacia el suelo.
El chillido escalofriante de una serpiente siendo asesinada resonó en medio de las tinieblas.
Los ojos de Lucrecia miraron en esa dirección, incrédula.
No podía ser, maldición, no… ¡no podía haber acabado con uno de sus mejores hechizos!
—¡ASESINEN A ESE DESGRACIADO, AHORA, AHORA O NO LES DARÉ MÁS ALMAS EN PENA PARA DEVORAR! —gritaba, más histéric