268. EL REY DE LOS ESPECTROS
NARRADORA
En la mano libre de Silas se formó una daga negra asesina, que enseguida apuntó al cuello de Lucrecia.
Ambos atacaron al mismo tiempo, aprovechando el factor sorpresa y la cercanía.
Solo que no sería tan sencillo.
La daga y las llamas devoradoras se sumergieron de repente en una niebla oscura.
El cuerpo de Lucrecia desapareció en la nada, flotando con magia negra y reapareciendo unos metros más allá.
Por un segundo, los tres se miraron.
—¡¿Quién rayos eres?! —rugió Lucrecia, analiza