253. SOLO PUEDO PERTENECERTE A TI
NARRADORA
La mano de Meridiana apenas podía con la gorda circunferencia, pero ella no era de las cobardes.
Se movía desde la base hasta la punta de la lanza.
Rousse subió la cabeza gruñendo cuando aumentó la velocidad, y esa magia deliciosa se le metía por cada poro de la verga.
Sus testículos estériles se tensaban sin parar.
Sshshhh, estaba cerca de ese nirvana del placer y Rousse empujó aún más su suerte.
Sus caderas se movieron hacia delante, marcando un ritmo desesperado, colando la punta d