239. SABEMOS TU SECRETO
NARRADORA
Lo abrazó contra ella, de rodillas a su lado, besando su rostro desesperadamente, sin importarle sus heridas o fealdad.
—Mi señora… no llores, por favor, no llore… — el sabor salado rodaba por sus labios cuarteados, el latir de ese corazón contra su pecho le daba fortalezas y sus labios, una calidez infinita.
Aun así, Silas miraba receloso a la Selenia cerca de ellos.
No confiaba, su señora debió escapar, temía por su vida.
Quería volver a esforzarse, no podía dejarla desamparada.
—S