235. SOLO ME MARCHÉ POR UN SEGUNDO
SIGRID
A través de los ojos del animal, observaba la inmensidad del bosque buscando un refugio seguro y pronto lo encontré.
En medio de las montañas, lejos de la mansión, posiblemente fuera de sus tierras, vi un agujero oscuro, medio oculto en la ladera.
Me posé suavemente en la entrada cambiando a mi forma humana, un hechizo de fuego en mis manos que me serviría para atacar y alumbrarme.
Las corrientes frías hacían revolotear mi cabello, miré hacia el horizonte, al cielo nocturno.
Por alguna