234. TRATO PELIGROSO
SIGRID
Se levantó de su posición inclinada, con la ceja arqueada y me miró de arriba abajo, hubiese jurado que hasta con asco.
—Puedes dormir tranquila, no tengo ni pizca de interés en ti —por la forma tan directa y sabiendo de su futuro, estuve más convencida.
—¿Trajiste lo que quiero? —le pregunté y lo vi como sacó al fin de su bolsillo, las runas que necesitaba para armar el artefacto, de hecho, lo tenía todo, solo me faltaba eso.
—Aquí están tus perlas —le dije quitándome el collar que llev