217. LO TENDRÉ TODO
SIGRID
“Por favor, márchate, márchate ya”
Apoyé la espalda en la puerta y esperé en silencio, en medio de la penumbra de mi habitación.
Me sentía tan mal por haberle hablado así, llevé la mano a mi pecho con la amargura recorriendo mis venas.
Él no se había marchado, seguía al pie de las escaleras, solo mirando hacia arriba, frío, impenetrable.
Su aura abrumadora y oscura llegaba hasta esta puerta donde estoy recostada, dubitativa, pero no traspasaba la barrera.
Estaba furioso, lo podía senti