215. TESTIGO OLVIDADA
SIGRID
Me recosté más a él que bajó sus manos y acomodó mi falda para tapar mis piernas del frío.
Luego empezó a acariciar mis brazos para darme calor.
Mis ojos miraron a la enorme luna llena en el cielo, tenía tantas dudas sobre él, era tan complejo y único.
Sentía que su oscuridad me absorbía, me llamaba y cada vez podía hacer menos para resistirlo.
—¿Lograste comprobar que no te mentía? —de tantas preguntas que tenía en la punta de mi lengua esa fue la tontería que solté.
—No, aún no estoy