120. ELLA ES MI HEMBRA
EL REY VAMPIRO
Así que me levanté casi sin poder respirar y gritando como un demente me le abalancé con las garras y mis caninos afuera.
Ella también se abalanzó hacia mí. Luchamos como en antaño, solo que esta vez era a muerte de verdad.
Mis ataques iban a su garganta, a sus ojos, su pecho, sus puntos débiles, y ella solo esquivaba y esquivaba, estaba jugando conmigo, como una mascota, me llevaba de la correa hacia donde quería.
Su mano de repente me agarró la cabeza de frente, incrustando su