114. LA TRAICIÓN DE THEO
AIDAN
Su cuerpo está temblando. No cierra las piernas, pero se nota su rigidez y resistencia.
Miro hacia abajo.
Ni siquiera he metido el glande por completo, pero su expresión de molestia me hace caer en una realización increíble.
Ella sí es virgen de verdad… nunca se ha entregado a ningún otro macho y, en esta loca fantasía, me va a dejar que tome su primera vez.
Y mi corazón comienza a palpitar alocado mientras nos quedamos mirando.
Algo me ruge que ella es mía, creada solo para mi placer.