100. POR AMOR
VALERIA
— ¿Quién… quién eres? – me levanté enseguida un poco tambaleante.
La verdad no tenía miedo de esta pequeña anciana que a penas me llegaba por el pecho, pero de dónde salió repentinamente.
— Ven, ven, no te asustes, sabes que no te voy a hacer daño, acuéstate en la cama, el suelo está muy frío, te puedes resfriar – me dijo, empujándome hacia la enorme cama, abriendo el edredón para mí y luego cobijándome dulcemente.
Me sentía una niña pequeña y veo su espalda alejarse para meter más tron