VICTORIA
Me acerco sigilosamente a la habitación de Santi, espero que de verdad no los agarre en nada raro o muero de vergüenza.
Toco y espero a que abran y no tarda mucho antes de que la puerta sea abierta.
Una de las gemelas es quien me abre y al ver que soy yo, se inclina ligeramente.
—¿Mi Reina, puedo hacer algo por usted?
Entro y paso adelante, la otra gemela está en la cama mientras Santi le masajea los pies.
—Necesito un favor de ustedes, pero necesito que sean silenciosas y