Aria…
El corredor parecía interminable. Mi bata se aferraba a mi piel húmeda, cada nervio en llamas, y los restos del celo aún pulsaban dentro de mí como algo vivo.
Mi loba gimoteaba en mi interior, inquieta, desesperada, y no tenía dónde esconderme de ella. Cada sombra en el pasillo parecía moverse, cada paso detrás de mí hacía que mi piel se erizara.
Las palabras de Damien aún resonaban en mis oídos. "Vuelve a donde viniste."
Había tropezado hacia él, desesperada, mis manos aferrando su abrig