Aria…
Mis ojos se abrieron lentamente, mi cuerpo palpitando de dolor. Gemí y parpadeé, tratando de enfocar.
Entonces lo recordé de golpe.
Estaba en los aposentos del Rey Alfa…
Los aposentos del Rey Alfa no eran nada como los había imaginado. No eran ostentosos ni rebosaban de oro como las historias susurradas entre la manada.
En cambio, el espacio era amplio pero cálido—paredes de piedra cubiertas con tapices, muebles de roble macizo pulidos hasta brillar y un fuego rugiendo en la chimenea aun