Capítulo 4
POV: Ellie

El silencio en el salón duró una eternidad después de lo que dije. A todo el mundo le costó asimilar la noticia. Sin duda, iba a ser el chisme del año en la Academia.

—¿En serio dijo que no es para Dominic? —susurró una loba por ahí.

—Pero mira el corazón en la caja... —comentó otro metiche.

—¿Acaso Ellie se enamoró de otro? —preguntó un tercero.

Varios amigos de Dominic intercambiaron miradas. Estaban desconcertados. Enseguida comenzaron a murmurar entre ellos. Tyler puso cara de idiota, como si le dijeran que el cielo era verde.

—Pero ¿de quién más podría...? —empezó a decir Tyler. Pero se calló cuando Dominic lo miró con una advertencia silenciosa.

El profesor empezó a escribir en la pizarra. A pesar de eso, media clase seguía enfocada en el drama de nuestro rincón. Parecía que el espectáculo superaba el entretenimiento de cualquier clase aburrida.

Pero el ambiente cambió cuando la puerta se abrió. Entró Vivian con una bandeja de cartón llena de vasos de café en las manos. Apenas podía mantener el equilibrio. Como siempre, su aparición fue inoportuna.

—Siento la interrupción —se disculpó con ese tono empalagoso ante el profesor. Después se apresuró hacia los asientos de Dominic y sus amigos—. Traje los pedidos de siempre para todos.

Repartió los vasos con una devoción actuada. Pero lo más impresionante era cómo mantenía su sonrisa angelical sin que se le borrara de la cara en ningún momento. Sin embargo, mientras entregaba los cafés, noté un detallito que casi me hizo reír: todos los pedidos estaban mal.

Marcus pidió un café negro, pero recibió una cosa rara con crema batida. El latte helado de Tyler parecía sopa caliente. El Gamma, Jake, miró con el ceño fruncido su bebida frutal. Él había pedido café en específico.

En mi vida pasada, un error así no me lo perdonaban. Dominic me daba un sermón sobre la importancia de prestar atención a los detalles. Me recitaba todo un discurso sobre cómo una futura Luna debía estar atenta a todo lo que pide la manada. Pero como era mi segunda oportunidad, iba a hacer las cosas bien.

Jake abrió la boca para reclamar, pero Dominic lo interrumpió antes de que pudiera decir una sola palabra.

—Gracias, Vivian —le agradeció Dominic. Le dedicó una sonrisa cálida que jamás usó conmigo—. Ha sido un detalle muy considerado de tu parte.

Vivian casi resplandecía por el halago.

—Oh, no es nada, solo quería ayudar —contestó. Después me miró a los ojos con una preocupación más falsa que un billete de tres dólares—. Espero que Ellie no siga disgustada por lo de esta mañana.

Ellie había dedicado mucho tiempo a esa invitación —continuó ella. Alzó la voz lo suficiente para captar la atención de varios estudiantes que estaban a nuestro alrededor—. Lleva semanas enfocada en eso. Creo que solo está nerviosa por entregártela, Dominic. Ya sabes cómo se pone bajo estrés.

Su manipulación era sutil, incluso perfecta. Me pintó como la loba enamorada con un ataque de nervios, mientras ella tomaba el papel de la hermana atenta y comprensiva. Un descaro total.

Me levanté.

—Para que quede muy claro: la invitación no es para Dominic —dije con firmeza—. Cualquiera con ganas de invitarlo es libre de hacerlo.

El salón volvió a sumirse en el silencio. Algunos estudiantes se miraron unos a otros. Otros iniciaron conversaciones en voz baja para compartir sus opiniones.

Antes de que a cualquier chismoso se le ocurriera decir algo, la voz cortante del profesor resonó desde la pizarra.

—Silencio todo el mundo y presten atención a la clase. Tenemos mucho que aprender hoy.

Algo brilló en los ojos de Vivian: sorpresa, astucia o tal vez emoción. Me dedicó una última mirada cargada de intenciones venenosas antes de ir a toda prisa hacia la puerta.

Cuando salió, observé la cara de Dominic. Su rostro mostraba una ternura que me dolía en lo más profundo. Aún sentía algo por él por lo que pasó en nuestra vida pasada.

Al cerrarse la puerta, Jake por fin se atrevió a hablar.

—Oye, Dominic. Esto no es lo que pedí. Yo quería...

—Marcus —lo interrumpió Dominic, para dirigirse a su Beta en su lugar—. ¿Cómo pudiste equivocarte con los pedidos en su compañía? Llevas meses a cargo de comprar nuestros cafés.

Marcus parpadeó, muy confundido.

—Le dije sin rodeos lo que queríamos todos. Seguro se confundió por...

—Bébete lo que te tocó y punto final —le cortó Dominic. Usó su típico tono seco, lleno de esa impaciencia que solo usaba para su círculo más íntimo—. La próxima vez, revisa todo tú mismo.

Casi me reí de lo impredecible que podía ser Dominic. Tenía unos estándares de perfección inalcanzables para Jake, para Marcus y, sobre todo, para mí. Un error mío hubiera sido imperdonable. Dominic me hubiera dedicado un sermón de media hora de cómo una futura Luna debía estar atenta a todo lo que pide la manada. Pero, claro, cuando se trataba de la loquita de Vivian, de la nada sacaba a pasear ese lado más comprensivo y civilizado.

Supongo que de eso se trataba el amor de verdad. Vaya ironía.

No pude seguir prestándole atención a la clase. Mientras el profesor se dedicaba a dormir a la clase con su aburridísimo discurso sobre las jerarquías de la manada, mi cabeza daba mil vueltas por los recuerdos de mi vida pasada hasta que se me ocurrió una idea. Tenía que buscar la manera de romper ese ciclo vicioso. Ni loca iba a permitirme ser la compañera no deseada otra vez. Me rehusaba a quedarme sentada como un premio de consolación cuando él dejara de suspirar por mi hermanastra.

Así que ideé algo simple: no iría a la Ceremonia de Emparejamiento. Me inventaría cualquier excusa para no asistir. Si no iba y lograba evitar cruzarme con él a la medianoche bajo la luna llena, tal vez el vínculo jamás llegaría a formarse. Incluso me aseguraría de darle a Vivian el camino libre para que cumpliera su mayor deseo. Seguro que a Dominic le encantaría la idea de recibir una invitación al baile por parte de la loba de sus sueños.

Era el plan perfecto. Ellos tendrían su estúpida novela de amor y yo por fin conseguiría mi ansiada libertad.

El timbre de la Academia me devolvió a la realidad. Los demás empezaron a guardar sus cuadernos mientras hablaban sobre el almuerzo y los planes del fin de semana.

Recogí mi mochila con calma, rezando para escabullirme de ahí sin tener otra confrontación con mi supuesto compañero. Pero, apenas crucé el umbral de la puerta, lo que vi me dejó pasmada.

Vivian estaba parada en medio del pasillo. Y, entre las manos, sostenía una pequeña cajita de regalo atada con un lazo rosa.

Otra invitación.

El estómago se me revolvió al terminar de comprender la situación. Por supuesto, todo tenía sentido. En el momento exacto en que yo, la típica loba pesada y dependiente, me quitaba del medio, otras corrían para arrastrarse por Dominic.

Tal vez en mi vida pasada, Dominic recibió un montón de invitaciones, pero terminó conmigo solo porque fui la más persistente de todas. La única idiota que se quedó esperando hasta el último baile. La más patética. La que se negaba a rendirse, aunque nunca se cansara de rechazarla.

Pero eso ya no iba a suceder. Vivian decidió adelantar su jugada en el tablero.

El grupo de estudiantes que salía del aula se dio cuenta del espectáculo que venía. El pasillo se llenó de chismes y murmullos en cuestión de segundos.

—Por la Diosa, ¿es en serio lo que estoy viendo? —cuchicheó una loba.

—¿Vivian le va a pedir a Dominic ir a la ceremonia? —dijo otro con incredulidad.

—Pero ¿y qué pasó con Ellie? —murmuró un tercero, que ni siquiera disimuló su tono de metiche.

En ese momento, Dominic salió del salón y se frenó en seco al verla. Miró la cajita que Vivian sostenía, y la sorpresa se le notó en la cara.

—¿Esto es para mí? —preguntó. De verdad sonaba sorprendido.

Los lobos jóvenes que caminaban en el pasillo bajaron la velocidad. Algunos hasta se detuvieron descaradamente para olfatear el drama fresco. Este era el momento que todos querían ver. Olvídense de mi predecible y aburrida invitación. Eso sí que era un giro argumental digno de una película para todos.

Sentí las miradas de unos cuantos curiosos que iban y venían entre Vivian y yo. Estaban esperando mi reacción en primera fila. En el pasado, yo habría perdido la cabeza. Habría apartado a Vivian de un empujón para declarar mi derecho sobre Dominic frente a todos.

Pero ahora la simple idea de quedarme a presenciar el desarrollo de esa escenita me fastidiaba. No iba a andar de masoquista viendo cómo a Dominic se le iluminaba el rostro tras recibir la invitación de la loba que realmente quería.

Apresuré el paso y me escurrí por el pasillo, buscando escapar de ahí antes de que empezara el empalagoso encuentro de sonrisitas.

Apenas di tres míseros pasos cuando una mano inmensa y fuerte me agarró del brazo. Me volteé, muy confundida. Era Dominic.

—¿Adónde crees que vas? —preguntó. Su voz no era la de un lobo emocionado por un regalo, sino un susurro grave, oscuro y cargado de una amenaza que me estremeció.
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