Capítulo 3
POV: Ellie

Todos callaron. Los demás lobos contenían el aliento sin quitarme los ojos de encima. Y como si el tiempo comenzara a fluir otra vez, empezaron a murmurar a mi alrededor.

Dominic, que estaba detrás de Marcus, entrecerró los ojos. Se le notaba la impaciencia en el rostro, pero al escucharme pude ver un poco de confusión en su mirada.

Marcus parecía que se le había reiniciado el cerebro a medias. Tenía la tarjeta a punto de caérsele de los dedos mientras me miraba como si no me reconociera.

—¿Qué… qué acabas de decir? —balbuceó.

—Dije que no —repetí, palabra por palabra para que le quedara claro—. Si su futuro Alfa no sabe pedir las cosas, que se busque a otro esclavo. Yo no trabajo gratis.

Los cuchicheos estallaron como la pólvora. Podía escuchar las conversaciones de los demás a mi alrededor.

—¿Me estás jodiendo? ¿Ellie mandando a la mierda a Dominic?

—Pero si esa loca no vive sin su atención...

—¿Qué bicho le picó hoy?

—Por fin se aburrió de lamerle las botas.

Los murmullos aumentaban. Algunos aguantaban la risa, otros estaban horrorizados, y unos pocos lucían impresionados. Nadie esperaba que me rebelara.

Dominic se enfureció. Me miró con desprecio. Sus ojos azules reflejaban una mezcla de confusión e ira. Intentaba comprender por qué no era la típica loba sumisa que él conocía. Esperé que dijera algo, pero se quedó callado. Su orgullo nunca le permitió hablar cuando se trataba de pedir las cosas por sí mismo. Eso significaba rebajarse y como Alfa que vivía con todo servido a sus pies, no le convenía.

La tensión entre nosotros era densa, pero Vivian apareció sin previo aviso junto a Marcus. Su sonrisa dulce y complaciente desvaneció la incomodidad del ambiente como si nada hubiera pasado.

—Vaya —dijo con una risita molesta—. Ellie se levantó de mal humor. No se preocupen, yo iré a buscar el café para todos.

Extendió la mano hacia la tarjeta de Marcus, interpretando su papel de hermana servicial a la perfección. Siempre llegaba en el momento adecuado para salvar la situación y quedar como la heroína.

—No te molestes —intervino Dominic. Su voz sonó más condescendiente de lo normal—. Marcus puede hacerlo.

Casi me echo a reír. Resultaba que lo que yo hacía por ellos a diario era «demasiada molestia» para Vivian. Pero ella ya estaba negando con la cabeza, haciendo rebotar sus rizos rubios bajo la luz del sol.

—No es ninguna molestia. De verdad. —Se volvió hacia mí, preocupada—. No se molesten con Ellie. Ya saben cómo la pone el estrés.

Y entonces se ruborizó. Un tono rosado le cubrió las mejillas mientras miraba a Dominic con inocencia.

—Estaré encantada de ayudarlos.

Contemplé su manipulación. Ya no podía engañarme más. Ese acto estaba diseñado para hacerla lucir dulce, atenta, mientras me dejaba a mí como la histérica.

—Está bien —accedió Dominic, aunque parecía algo incómodo con la situación. Tensó los hombros al hablar, dejando claro que no le hacía ninguna gracia que Vivian le hiciera los recados—. Marcus, ve con ella. Ayúdala a cargar con todo.

Vivian le dedicó una sonrisa de lado a lado, como si él acabara de regalarle la luna, y se marchó dando saltitos hacia la cafetería del campus con Marcus detrás.

Noté cómo la mirada de Dominic la seguía hasta que desapareció al doblar la esquina. Pero en lugar de ver el encanto que yo esperaba encontrar en su cara, me hallé con algo más parecido al... ¿alivio?

El contraste era evidente. Él esperaba que yo cumpliera sus órdenes sin rechistar. A Vivian, en cambio, le ofrecía protección y un trato cortés, aunque no ocultaba su incomodidad. La única explicación que se me ocurría era que aquellos debían de ser los primeros momentos de su atracción hacia ella. Eso ya estaba naciendo, y en mi vida anterior estaba ciega.

Me di la vuelta y me alejé sin decir nada, con mis pasos haciendo eco en el patio.

A mis espaldas, escuché a uno de los amigos de Dominic murmurar:

—¿Cuál es su problema?

Pero ya no me importaba lo que pensaran. Sus opiniones habían controlado mi vida por demasiado tiempo.

A primera hora tocaba Gestión Avanzada de la Manada, la clase que, para mi mala suerte, compartía con Dominic.

Me dejé caer en mi asiento de siempre al fondo del aula. Metí la mano en la mochila para buscar un cuaderno, dispuesta a ignorar a todos los chismosos que me seguían con la vista tras lo ocurrido en el patio.

Mis dedos rozaron algo cuadrado. Una cajita de regalo. Estaba envuelta con esmero. Se encontraba rematada con un lazo plateado.

Sabía lo que había adentro: una tarjeta con mi letra más cuidada, rogándole a Dominic que fuera mi pareja en la Ceremonia de Emparejamiento. Comment by 乔楚: pareja

Dieciocho años. La Ceremonia. Claro. Ahí empezó mi desgracia.

¿Cómo se me pudo olvidar eso?

El peso de la caja me trajo recuerdos de ese momento. En mi vida pasada, aquel era el día en que le entregaría esa invitación a Dominic. Faltaba apenas una semana para el evento. Perdí semanas preparándola, pensando en cada detalle. Compré el papel más costoso, practiqué mi caligrafía hasta dejarla impecable y seleccioné el lazo plateado específicamente para que combinara con el color de sus ojos.

La Ceremonia de Emparejamiento era el evento más importante en la vida de cualquier lobo joven. Aquel era el día en que los lobos de dieciocho años se reunían bajo la luna llena. El objetivo era encontrar a sus compañeros destinados y asegurar su futuro.

No se trataba de un simple baile. Era una tradición sagrada respetada durante siglos. La costumbre dictaba que debías invitar a alguien especial para que fuera tu primera pareja.

Se decía que la Diosa de la Luna bendecía esas uniones. Quienes bailaban juntos tenían un noventa y nueve por ciento de probabilidades de ser revelados como compañeros destinados cuando iniciara la medianoche.

Me acordaba perfectamente de cómo pasó todo. Le entregué la invitación a Dominic con un temblor en las manos y llena de esperanza, pero él apenas la vio antes de meterla de mal humor en la mochila. Dijo que su entrenamiento de Alfa lo tenía ocupado y que a lo mejor ni iba.

Aun así, me sentí estúpidamente agradecida por esa respuesta tan fría. Le juré que lo esperaría sin importar lo que pasara, convencida de que solo estaba nervioso. Hasta espanté a otras lobas que querían invitarlo. Hice el papel de novia celosa para cuidar algo que según yo era mío.

La noche de la ceremonia esperé horas con el vestido que elegí con tanto cuidado. Vi cómo todos conseguían pareja mientras yo me quedaba ahí sola. Dominic apareció en el último baile, cuando yo ya era la única que no tenía con quién bailar.

Incluso en ese momento se veía fastidiado por tener que bailar conmigo, como si yo fuera una obligación y no alguien con quien de verdad quería estar.

Pero a la medianoche la Diosa de la Luna reveló nuestro vínculo y todo cambió. Éramos compañeros destinados, le gustara o no. Por la cara que puso cuando lo entendió, quedó claro que la noticia no le agradó en lo más mínimo.

El recuerdo me revolvió el estómago. Pasé todos esos años vinculada a él con la única meta de ganarme su amor, y nunca abrí los ojos ante su rechazo desde el primer día.

—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?

La voz de Marcus interrumpió mis pensamientos, trayéndome de vuelta a la Academia. Alcé la vista. Dominic entró al aula con su grupo y miró de inmediato la cajita de regalo que yo sostenía. Cuando se fijó en el lazo plateado, una sonrisa lenta y arrogante apareció en su rostro.

Los demás estudiantes también se dieron cuenta. Empezaron a darse codazos y a murmurar con morbo.

—Por la Diosa, ¿es lo que creo que es?

—¡Al fin Ellie le va a pedir a Dominic que vaya con ella a la ceremonia!

—Ya era hora. Lleva años yendo detrás de él.

Tyler, del grupo de Dominic, alzó la voz para que todo el salón lo oyera:

—Vamos, Ellie. Todos sabemos qué es eso. Dáselo de una vez.

Los susurros aumentaron a nuestro alrededor. Las miradas se fijaron en nosotros. Estaban ansiosos por ver cómo me le declaraba a Dominic. Algunos sacaron sus teléfonos para grabar el momento.

Dominic se acercó a mi pupitre con el ego en alto. Me dedicó esa sonrisa insufrible y me miró desde arriba, convencido de que me conocía.

—¿Hay algo que debamos saber? —interrogó Marcus con fuerza.

La expectativa en el aula era real. Ese era el momento que todos querían ver: mi jugada desesperada para conquistar al futuro Rey Alfa.

Bajé la mirada hacia la invitación en mis manos y sentí el peso de todos esos ojos sobre mí. Contemplé la caligrafía perfecta que formaba el nombre de Dominic en tinta plateada. Después me fijé en el lazo. Lo elegí con una ilusión estúpida, bajo la falsa idea de que le recordaría momentos románticos que en realidad jamás existieron entre nosotros.

Alcé la vista de nuevo hacia su cara de presumido. Ahí estaba parado, como si me hiciera un favor con el simple hecho de notar mi existencia. Me dio asco la arrogancia con la que asumía mi sumisión. Creía que yo siempre me humillaría por sus migajas de atención.

En mi vida pasada, ese instante me había parecido lo más importante del mundo. Lograr que Dominic aceptara mi invitación había sido mi único objetivo, mi mayor sueño.

Ahora, simplemente me daba lástima.

Devolví el regalo al fondo de mi mochila y subí el cierre con toda la calma del mundo. Quería que todos vieran lo que hacía.

—No es para Dominic —declaré en voz alta.

La seguridad de Dominic se desmoronó. Se vio confundido de inmediato. No podía creer lo que acababa de escuchar. Comment by 乔楚: acababa
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