El fuego crepitaba en el claro,pero el aire estaba helado.
Todos los ojos estaban sobre Laila.
Gabriel yacía en el suelo,su respiración agitada, sus manos atadas, su rostro cubierto de golpes.
Y junto a él,la daga de advertencia de Kael, clavada en la tierra.
La amenaza era clara.
“Si no te entregas antes del amanecer, Gabriel morirá.”
Laila sentía la presión en el pecho,como si una garra invisible la estuviera asfixiando.
Tenía que elegir.
Y no había opción correcta.
Derek fue el primero en ha