Elena llegó a la empresa de los DeLuca muy temprano y sin anunciarse.
No porque se hubiera olvidado de avisar, sino porque ya había aprendido por las malas que las batallas más importantes se ganan antes de que el enemigo tenga tiempo de prepararse.
La secretaria de Adrián la recibió con una sonrisa automática sin saber lo que se le avecinaba a su jefe.
— Señora DeLuca, el señor Adrián no estaba esperando… — Empezó la secretaria, cuando Elena la interrumpió.
— Lo sé. — Elena caminó hacia la