Elena no esperaba visitas esa tarde, era fin de semana, estaba en la sala con el cuaderno de notas sobre las rodillas.
Revisaba mentalmente los números, las cuentas, todo lo que había descubierto de la empresa de los DeLuca y los próximos pasos de su plan.
Cuando sonaron tres golpes en la puerta principal que la sobresaltaron.
No había nadie del servicio cerca, así que Elena se levantó y abrió.
Ahí estaba Leandro, frente a ella, con las manos en los bolsillos de su jean, el cabello ligeram