Elena entró en su apartamento con pasos cansados, aunque en sus ojos brillaba un destello de satisfacción. Acababa de regresar de la oficina de Nathan después de aceptar su gran oferta para convertirse en su diseñadora personal. Era una oportunidad extraordinaria para su carrera antes de volver oficialmente como Queen Elisabeth.
En cuanto la puerta se cerró, Tamara, que estaba sentada en el sofá, giró la cabeza.
—Vaya, ya volviste. Entonces, ¿cómo te fue? —preguntó, cruzándose de brazos—. Dijis